Lina Pohl, ministra de Medio Ambiente y Recursos Naturales

IMG_5239x La realidad ambiental nacional y global está experimentando rápidas y dramáticas transformaciones, siendo el cambio climático la principal y más determinante de sus causas. Los últimos dos años han sido los años más cálidos desde que se tiene registro, sorprendiendo además por los records de temperatura que se están alcanzando, de acuerdo con las observaciones de las mejores agencias especializadas.
A nivel nacional el cambio climático está provocando severos impactos en todos los sectores. El recurso agua es uno de los más gravemente afectados, con repercusiones directas en el estado de los ecosistemas, la disponibilidad para el consumo humano y la producción agropecuaria, fuente principal en la generación de ingresos para un amplio sector de la población en situación de vulnerabilidad y pilar de la seguridad alimentaria del país.

La particular vulnerabilidad del sector hídrico nacional a los impactos del cambio climático ya ha sido evidencia en diversos estudios, incluyendo el realizado por CEPAL en el marco del proyecto regional “La Economía del Cambio Climático en Centroamérica”, divulgado en 2011, en el que El Salvador se ubica como el único país de la región en el umbral de estrés hídrico.

Cuatro años continuos con sequías de variada intensidad, entre 2012 y 2015, con impactos severos en la región oriental ubicada dentro del denominado corredor seco centroamericano, han provocado un problema de déficit acumulativo que con alta probabilidad continuará complicándose, originando nuevos focos de tensión económica y social que se expresan de formas diversas; incluyendo manifestaciones de protesta en algunos lugares, de conflicto por los usos del agua en otros y hasta de desplazamiento o desarraigo de familias de sus lugares de origen, entre otras.

Se podría comentar sobre las medidas de emergencia dispuestas por el Gobierno para responder a estas situaciones apremiantes o sobre los planes nacionales que harán posible su manejo más sistemático y sostenible, como el Plan Nacional de Cambio Climático, el Plan de Gestión Integral de Recursos Hídricos y el Plan Nacional de Reforestación y Restauración, entre otros. Pero la cuestión de fondo que cabe resaltar en este día del medio ambiente radica en que todos sepamos leer los signos de los tiempos, que lo que observamos son evidencia inequívoca de que nos adentramos en una realidad climática diferente e incierta, y que nos dejan más claro que nunca la íntima relación y vital dependencia que existe entre las actividades económicas, el bienestar y la estabilidad social y el estado de los recursos naturales y el medio ambiente.

Nos enfrentamos así al reto impostergable de reconocer, más allá de las palabras y del discurso, que la disponibilidad de los recursos naturales no es infinita, que los ecosistemas están próximos al límite de su capacidad de proveer los servicios esenciales que nos brindan y de que sería necio y desastroso continuar haciendo las cosas de la misma manera en que se han venido haciendo hasta ahora, esperando que todo cambie para mejor o que “alguien haga algo”.

Es momento de emprender transformaciones audaces, de asumir los compromisos ambientales y climáticos que competen a cada quien en su propio sector y esfera de actividad. De aceptar que en estas circunstancias habrá que hacer sacrificios y seguir por la senda de explorar, con espíritu innovador y transformador, las oportunidades que se abren en las formas diferentes y novedosas de concebir proyectos e inversiones, de experimentar con nuevas tecnologías y mejores prácticas, de abrirse más a las necesidades y prioridades de nuestra comunidad nacional, de este suelo y destino compartidos, atendiendo con especial solicitud las de los más vulnerables.