Los rescataron cuando eran vendidos como mercancía. La mayoría recién había roto el cascarón y no tenían ni plumas ni habían desarrollado su instinto de supervivencia. Tras un lento proceso de cuido y adaptación propia de su especie, las aves fueron liberadas en un Área Natural Protegida.

La jaula fue abierta lentamente y, para sorpresa de los presentes, ninguno de los periquitos salió volando. Tímidos, pero con cierta curiosidad, las 11 catalnicas y los dos chocoyos poco a poco se fueron acercando a la puerta y supieron que era el momento de alzar el vuelo. Se marcharon para vivir en libertad, un derecho que les fue negado por la intervención humana al ser extraídos de sus nidos siendo unos pichones. 

Este grupo de periquitos fueron entregados al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) en marzo de 2014, unos con las plumas de su alas cortadas y las crías  completamente sin plumas. La Policía Nacional Civil (PNC) División de Medio Ambiente los había decomisado en diferentes puntos del país. De los 17 que fueron decomisados en Usulután, seis sobrevivieron.

Técnicos de Vida Silvestre del MARN los alimentaron y dieron calor, luego fueron trasladados al Centro de Resguardo de LaGeo en Berlín, Usulután, donde fueron asistidas bajo un programa de rehabilitación. 

Las posibilidades de que sobrevivieran eran pocas debido a su condición tan vulnerable. Estas aves nacen muy poco desarrolladas, completamente desnudas y ciegas. Al ser retiradas de sus nidos se ponen estresadas sufren por el frío y la alimentación al punto que pueden morir súbitamente. .

Los más pequeños fueron colocados en cajas rellenas con hojas, imitando un nido, y los alimentaban con licuado de frutas administrado por medio de una jeringa directamente dentro del pico, como los hubiese alimentado su madre. 

Meses después, en junio de 2015, ya con sus cuerpos forrados de plumas, fueron trasladados a una jaula especialmente acondicionada para su rehabilitación y readaptación. Los más grandes mudaron las plumas recortadas y les crecieron  nuevas. Fortalecieron los músculos de sus alas y cuello y fueron aprendiendo conductas propias de su especie, siendo monitoreados por el personal técnico de LaGeo. 

Su jaula fue ambientada con ramas de diferentes formas y tamaños que cada mes cambiaron por otras y fueron colocadas en diferentes posiciones, esto para que no se acostumbraran a un sólo tipo de ambiente y exploran nuevas formas de escalar y volar entre ellas. 

La alimentación fue colocada de diversas maneras y en diferentes lugares de la jaula. Los cuidadores ponían trozos de fruta en las puntas de las ramas, para que los periquitos aprendieran a buscarla, ya que en libertad tendrán que buscar las flores, frutos y brotes en las puntas de las ramas. 

Al cabo de ocho meses, la rehabilitación había sido un éxito. La mitad del grupo presentó su plumaje completamente mudado con un peso ideal para ser liberado. Por ello, en coordinación con el MARN se evaluó el lugar idóneo para dejarlos en libertad. 

Biólogos del MARN trasladó al grupo de periquitos desde el oriente hasta el occidente del país donde fueron liberados. Antes les colocaron anillos metálicos marcados con código para facilitar su identificación y monitoreo. 

Su hogar ahora es un Área Natural Protegida donde guardarrecursos del MARN en coordinación con otras entidades realizan monitoreo de la fauna y flora que ahí habita. 

Tanto las Brotogeris jugularis, conocidas como “catalnicas”, y los Eupsittula canicularis, conocidos como “chocoyos”, son especies nativas de El Salvador y habitan en bosques tropicales de la región. 

Estas aves son de la familia Psitácidos y se caracterizan por ser individuos muy sociables que viven en bandadas a lo largo de su vida y forman una única pareja reproductiva. Estas especies recorren largas distancias de vuelo para buscar su alimento y requieren de sitios adecuados para hacer sus nidos. 

Catalnicas y chocoyos no nacieron para ser mascotas, ya que son de los animales que más sufren en cautiverio. El MARN hace un llamado a la población para abstenerse de vender, comprar y tener de forma ilegal animales silvestres. Nueve de cada 10 animales traficados ilegalmente mueren en el camino. 

La Ley de Conservación de Vida Silvestre en su artículo 27 califica como infracción grave poseer especies de la vida silvestre en peligro o amenazadas de extinción, extraídas de su hábitat original y sin el permiso correspondiente. De acuerdo a la Ley la única entidad facultada para extender los permisos de tenencia de vida silvestre es el MARN. 

La rehabilitación de los pericos fue larga, pero valió la pena. Ahora viven en libertad.