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La primera noche, su enorme cuerpo pringado de manchas cafés permaneció echado en un mismo lugar, como si la costumbre de permanecer en una jaula de un poco más de dos metros cuadrados en la que vivió por muchos años, no encajaba con el nuevo espacio que le asignaron en el Zoológico Nacional.
En el circo donde sirvió de atracción desde su nacimiento, el llamaban “Greco”, pero en el Zoológico los veterinarios lo llaman el “Costeño”, en alusión al lugar donde el MARN junto a otras instituciones lo decomisaron el lunes pasado.
El jaguar de 1.20 metros de largo y 40 kilos de peso, ahora habita en el mismo lugar que dejó Yuma, el jaguar hembra que falleció en noviembre del año pasado debido a la vejez.
Los medicamentos que le suministran los veterinarios ya comienzan hacer efecto en las laceraciones que tiene en la pata derecha de adelante y en otras heridas esparcidas en el cuerpo. El apetito felino aflora ante un trozo de pollo crudo que se traga casi en dos mordiscos.
Los resultados de los exámenes de sangre realizados al animal dibujaron el mapa de las condiciones de vida que esta bestia llevaba en el Circo. Pasaba largos períodos sin alimentación ni agua y el arco que se ha formado en su espalda, evidencia que estaba confinado en un lugar pequeño y que pasaba la mayoría del tiempo echado.
El jaguar “Greco” o “Costeño” llegó a llenar el espacio que dejo Yuma y a completar la colección felina del Zoológico. Ahora es vecino del puma o león americano, ocelote, tigrillo y gato sonto.
Esta especie en El Salvador está extinta de manera salvaje y solo puede verse en cautiverio por lo que en el caso de “Costeño” estar en el Parque permite a los salvadoreños conocer sobre esta especie.
El animal no podría ser devuelto a la naturaleza ya que le retiraron quirúrgicamente las garras, lo que le imposibilitaría adaptarse al medio salvaje. |