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Las fallas sísmicas del país son estudiadas por geólogos de la Universidad Complutense de Madrid con el apoyo del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales.
San Salvador, 13 de febrero de 2012. Aquel 13 de febrero de hace once años, la tierra se despertó, se movió, se meció y se retorció por segunda vez sacudiendo toda infraestructura y ser viviente. A las 8:22 de la mañana una falla local había arremetido contra San Vicente.
Fue debido a los dos terremotos que se registraron en el 2001 que se abrió la cooperación entre la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y desde 2005 se empezó a estudiar la banda de fallas sísmicas que atraviesan desde el Lago de Ilopango y que finaliza en el Golfo de Fonseca.
José Martínez Díaz, catedrático e investigador de la Universidad Complutense de Madrid, quien desde el inició ha llevado la batuta de las investigaciones, explica que en realidad no es una sola falla sino una “banda de fallas sísmicas” que se segmenta en varios pedazos y que tiene ramificaciones que pueden romper la corteza terrestre de maneras inesperadas.
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Colaboración: El Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales contribuye en la organización previa al viaje de los ibéricos al país.
Ellos, además de compartir la información de sus estudios, contribuyen al poner en común sus conocimientos con los locales.
Es un grupo de entre 7 y 8 personas el que visita el país
Llegan una vez al año debido a las condiciones del clima y a las clases que deben impartir en la Universidad.
Hasta $9,000 puede costar cada expedición sin tomar en cuenta el costo de las pruebas.
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“Por fortuna es imposible que se mueva toda de una vez, (eso equivaldría a) un terremoto de casi 8. Está por fragmentos, entonces cada pedazo se mueve de una vez. El terremoto de (febrero) 2001 no fue más que un pedazo, el de Ilopango hasta más o menos San Vicente, unos 24 o 25 kilómetros, que generó un (sismo) 6,6 (escala Richter)”, aseguró el especialista.
El español explicó ya se ha estudiado este primer tramo de falla desde Ilopango a San Vicente y ahora se trabaja en un segmento nuevo que se ha denominado “falla de Berlín”, que a criterio de Díaz, esta nueva falla podría tener un potencial de 6.5 grados en la escala de Richter.
En el primer segmento analizado se ha estudiado la aceleración, el comportamiento del suelo y períodos de recurrencia histórica. El científico aclaró este tipo de estudio no es para hacer predicciones sobre un próximo terremoto, sino para ver cómo se ha comportado el suelo en determinada era geológica.
Martínez Díaz también advirtió que estos estudios se busca hacerlos en suelos “jóvenes” que no traspasen la barrera de los 10,000 años para asegurarse que las fallas están en actividad.
En qué consisten los estudios
Los profesionales cavan una zanja -de aproximadamente metro y medio de ancho, tres metros de profundidad y 25 de largo- de manera perpendicular al trazado que lleva la falla sísmica (de occidente a oriente) y en las paredes de esta estructura se empiezan a contar las diferentes capas de tierra que pueden registrarse y si se encuentran signos de sismos pasados. Esta ciencia es llamada “Paleosismología”.
Por ejemplo, en la última grieta que abrieron la semana pasada en Mercedes Umaña, Usulután, encontraron una capa de tierra que había sufrido un desplazamiento de alrededor de unos 10 a 15 centímetros. Según explicó Martínez Díaz, ese era una señal de un terremoto pasado. Por tanto tomarían muestras que posteriormente serían enviadas a Finlandia para que les hagan pruebas de carbono 14 y obtener la edad de este sismo.
Se toman decenas de muestras –en esta última ocasión alrededor de 13- las cuales tiene costo de entre $400 y $500, pero si no logran encontrar material adecuado para hacer el carbono 14 deberán probar con otros métodos y eso encarece la investigación.
Esta información, que es compartida con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, es procesada para la realización de tesis de maestrías y doctorales por los estudiantes de la Complutense que pueden tardarse hasta cuatro años en concluirla.
Con los resultados de los diferentes estudios que se realicen, el Ministerio contará con mayor información que contribuye a crear normas de construcción más efectivas para poder hacer viviendas sismo resistentes así como conocimiento de cuán fuerte puede ser una sismo en determinada región. |