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San Salvador, diciembre de 2010. A simple vista parece una alfombra verde salpicada de destellos rosados, morados, rojos y de muchos otros colores pintados en las flores. El bosque, Nancuchiname se levanta en silencio y sin reclamos en el centro de once comunidades del Bajo Lempa a quienes protege en silencio y sin reclamos.
Este bosque, identificado como un Área Natural Protegida, está ubicado en los cantones El Zamorán y La Canoa del municipio de Jiquilisco, en el departamento de Usulután, cuenta con 797.305982 hectáreas de bosque.
Su relevancia ha sobresalido en los últimos dos años con sucesos como las inundaciones asociadas a la Tormenta Tropical Ida en 2009 y el recién adquirido récord de los últimos 40 años de lluvia recibida durante la época lluviosa este 2010 (2,540 milímetros de acumulado anual).
De hecho fue el Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Herman Rosa Chávez, quien puso esta zona en un sitio de relevancia después del sobrevuelo realizado en junio pasado y donde se evidenció que fue precisamente esta zona boscosa la que logró detener las inundaciones y resguardar a las personas de la zona.
De aquí surgió la iniciativa del Programa Nacional de Restauración de Ecosistemas que actualmente se encuentra aún en fase de formulación pero que buscará recuperar flora que ha sido históricamente relevante para el resguardo de poblaciones (animales o humanas).
Nancuchiname, un bosque aluvial, es decir que se nutre de las inundaciones en sus zonas bajas. Los árboles son comúnmente muy altos y frondosos, de raíces muy anchas, además existen otras especies más bajas como guiscoyoles que crean ambientes propicios para la fauna del lugar.
Entre los animales que protege Nancuchiname se encuentran cusucos, garrobos, conejos, tepezcuintles, osos hormigueros, culebras, venados cola blanca y cocodrilos, entre otras muchas especies de insectos y aves como las loras de nuca amarilla.
“Sin duda alguna que si este bosque no estuviera acá las poblaciones aledañas no podrían vivir aquí, nosotros ya sabemos que cuando el agua llega hasta cierto lugar tenemos cerca de una hora para salir” aseguró Ramiro Vásquez, miembro de la Asociación de Desarrollo Comunal Bosque Nancuchiname (ADESCOBN) que se encarga de comanejar el área en conjunto con el Ministerio de Medio Ambiente.
Los guarda recursos de la zona, once en total, están de acuerdo en que en las épocas de verano el bosque es un lugar “bonito” para caminar y ver diferentes especies pero durante el invierno los caminos y veredas desaparecen para convertirse en una especie de laguna con ramas. En ocasiones los encargados del parque tienen que caminar con el agua hasta la cintura para hacer sus recorridos diarios.
No obstante su relevancia, Nancuchiname se ve amenazada por enemigos naturales y humanos que ponen en peligro sus beneficios.
En 1992, cuando esta zona aún no era Área Natural Protegida, el bosque se vio gravemente amenazado ya que empezaron a talar sus árboles por el costo comercial que estos tenían.
El conacaste blanco, los ceibos, el cedro y el ojushte, entre otros, son comunes en este parque por lo que empezaron a talarse indiscriminadamente hasta que una Organización No Gubernamental tomó las riendas para resguardarlo. En aquel momento aún no era el Ministerio de Medio Ambiente el que se encargaba de estas zonas.
Ahora ya no se busca talar los árboles de esta zona “son árboles bien duros, duros así que tendrían que traer moto sierra y eso tarda, así que ya no pueden” asegura José Juventino Pleitéz, guarda recursos del área.
No obstante sí hay personas que entran al área en busca de leña para actividades del hogar como cocinar, entre otros. “Acá se inunda, acá nos da chance de sacar las cosas antes que se inunde allá arriba pero la gente no ve eso” dijo Dinora Cortés, otra guarda recursos.
Nancuchiname es resguardado por jóvenes habitantes de cada una de las comunidades aledañas quienes se encargan de hacer trabajo de concientización en las escuelas con los niños quienes, dicen, son más perceptivos a sus consejos.
Cuando llueve y el bosque se inunda, los animales tienen que buscar lugares seguros ya que sus madrigueras también se inundan. Según un reporte realizado por los guarda recursos sobre los daños ocurridos por la tormenta Ágatha, en febrero de 2010, una de las especies más afectadas por esto es el cusuco.
Esta especie no nada y es extremadamente sensible ante las inundaciones. Al ponerse en las zonas altas son atrapados por los pobladores de las cercanías quienes los matan para comérselos. Los venados cola blanca también se han visto amenazados por esta práctica.
Pero los mamíferos no son los únicos afectados. Cerca del río llegan a descansar cocodrilos que también son cazados y, de estos, solo puede comerse la cola y algunas partes del cuerpo, otros restos, como la piel, son vendidos para hacer zapatos o cinchos y algunos productos medicinales.
A los cocodrilos se les caza con una especie de trampa en la que se pone comida y, cuando el animal muerde, esta se abre incrustándole anzuelos en la cabeza.
Las loras y otros tipos de pericos son extraídos del área para su posterior venta como mascotas de casa. “Mientras más grandes son mejor es el negocio para ellos porque los venden más caros” aseguró Cortés.
“El problema es que la presión de la gente es cada vez mayor, la población está creciendo e inciden más cada vez” dijo Vásquez.
Como si esto fuera poco, desde el otro lado, el Lempa ha empezado a ejercer su propia amenaza. Las riberas del río han iniciado avance “comiéndose” pedazos de tierra que son arrastrados luego por la corriente.
Tan solo en este verano un árbol que estaba alrededor de quince metros fuera del margen del río fue arrastrado, finalmente, después de lo copioso de la temporada.
“Es que beneficios son muchos, si este bosque no estuviera, el ambiente sería aún más caluroso, Nancuchiname nos brinda también una brisa agradable” aseguró Vásquez.
Con todo y los bienestares que ofrece, el área fue nombrada como Protegida por el Ministerio de Medio Ambiente hasta 2008 pero en la actualidad se ha reconocido su importancia y se busca trabajar a favor de ella.
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