13782195_1217147981639818_2470898024257468000_nEl Salvador es una tierra de volcanes. Vivimos encima e incluso dentro de ellos y esto pone de manifiesto un riesgo. Es por ello que principal trabajo en el área de vulcanología del MARN es tratar de conocer más cómo funciona cada volcán en particular, a través de la red de monitoreo y, especialmente, cuando investigadores internacionales vienen al país y proporcionan ayuda con equipo de última tecnología y la interpretación de los resultados que se van teniendo.

Actualmente seis son los volcanes considerados con mayor actividad dentro del territorio nacional: Santa Ana, Izalco, San Salvador, Ilopango, San Vicente y San Miguel. Es por ello, que el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) junto a investigadores internacionales realizan diferentes tipos de estudio en las zonas volcánicas.

Uno de estos trabajos fue realizado en marzo de 2015 en la caldera de Ilopango con los doctores Joachin Gottsmann y Katharine Cashman, de la Universidad de Bristol. La publicación “Magma storage in a strike-slip caldera”, (“Almacenamiento de magma en una caldera con desplazamiento horizontal”), es un artículo incluido en la revista “Nature Communications”, en su edición del 22 de julio de 2016, la cual relata los resultados de la vista del año pasado.

Este estudio inédito consistió en 10 días de trabajo de campo, donde se tomaron mediciones gravimétricas con el objetivo de determinar la densidad de la roca bajo la superficie de la caldera. Eduardo Gutiérrez, vulcanólogo del MARN y quien también participó de la investigación, explica que el estudio consistió en hacer una cuadrícula cada dos kilómetros alrededor del volcán y tomar puntos de la gravedad del interior de la tierra para tener datos que permitan conocer en qué consiste el subsuelo de la caldera de Ilopango, “estábamos explorando unos 10 kilómetros debajo de la topografía existente para ver cómo es el tipo de roca”, detalló.

Gutiérrez destaca que la importante de este estudio es que permitió hacer algunas simulaciones para establecer a dónde está la cámara magmática de esta caldera y de qué forma es. “Se descubrió que había cambios a una profundidad aproximada de 6 kilómetros, cosa que es típica y normal en todos los volcanes, que exista un reservorio magmático donde el magma comience a llegar lentamente y cuando este se va llenando se tiene una erupción”.

Sin embargo, explica que se trata de cámaras magmáticas someras, que andan por los 5 y 10 km, y estas muchas veces son alimentadas por cámaras magmáticas más profundas. Esto quiere decir que el magma no llega directamente al volcán, sino que va llenando ciertos reservorios y con el tiempo se pueden dar nuevos episodios eruptivos.

Destaca también que los resultados obtenidos en este estudio son de mucha importancia en el conocimiento de la arquitectura del subsuelo volcánico. Y se suma a otros trabajos de investigación que se han realizado y se están desarrollando para tener mayor conocimiento de este supervolcán.

“La importancia en el conocimiento del potencial eruptivo del arco volcánico salvadoreño, crea la necesidad de mantener un monitoreo reforzado en las estructuras volcánicas, y abre las puertas para que investigadores internacionales se involucren en proyectos destinados a este fin”, dice el vulcanólogo.

El volcán Ilopango ha tenido por lo menos cinco fuertes periodos eruptivos en los últimos 80,000 años, los cuales han contribuido a la formación de la caldera. La última erupción significativa data de aproximadamente hace 1,500 años y tuvo un Índice de Explosividad Volcánica (IEV) de 6+.

El índice de explosividad volcánica es una escala de 8 grados con la que los vulcanólogos miden la magnitud de una erupción volcánica, y es el producto de la combinación de varios factores de la actividad volcánica, considerando el volumen total de los productos expulsados por el volcán y la altura alcanzada por la nube eruptiva.

Una erupción con IEV = 6+ es entre “Colosal” y “Super-Colosal”, presenta columnas eruptivas que alcanzan más de 25 kilómetros de altura y el volumen emitido puede alcanzar los 100 kilómetros cúbicos de material expulsado. Por eso es que a las calderas usualmente se les conoce como supervolcanes.

Las erupciones tipo caldéricas, dada su alta explosividad, no tienen tiempos bajos de recurrencia, pudiendo pasar miles de años entre periodos eruptivo de gran magnitud. La última actividad eruptiva de la caldera de Ilopango data del año 1879-1880, cuando se formaron las Islas Quemadas en el interior del espejo del lago.